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¿Qué es el sufrimiento emocional?

Sufrimiento Emocional

Todos tenemos días buenos y días malos; momentos desagradables que parecen no terminar nunca y otros en los que, en cambio, disfrutamos tanto que los minutos se hacen más cortos.

¿Qué es lo que hace que un determinado recuerdo o experiencia sea "bueno" o "malo"? ¿Cuáles son los ingredientes que le dan ese sabor más o menos agradable a nuestras vidas?

La respuesta está en las emociones o, más concretamente, en nuestras respuestas emocionales a todo aquello que pensamos o que nos acontece. Sin ellas – las emociones -, nuestras vidas serían más bien planas, grises e insípidas - ¿alguien se acuerda del Señor Spock?- y seríamos incapaces de saber si un libro nos gustó o no, si disfrutamos de la compañía de una determinada persona o cuál es nuestro deporte favorito. Así, todo en nuestras vidas se mide a través de las respuestas emocionales que tenemos: nos gusta recordar los momentos pasados de felicidad mientras que, por el contrario, preferimos enterrar en lo más profundo de la memoria aquellas experiencias que nos causaron de dolor y sufrimiento.

En psicología, las emociones se clasifican, entre otros criterios, en función del carácter más o menos agradable del sentimiento que producen (la sensación corporal o física de la emoción): las emociones negativas como el miedo, la ansiedad, la tristeza o el enfado producen sensaciones corporales desagradables mientras que las emociones positivas como la alegría, el humor, el amor o la gratitud producen sensaciones corporales agradables. Y cada emoción tiene un sabor (sentimiento) propio único y diferente al de las otras emociones.

De hecho, las emociones son una especie de brújula que dirige el pensamiento y la conducta de las personas: nos pasamos la vida buscando experiencias y personas que nos hagan sentir bien mientras que evitamos o huimos de aquellas otras que nos hacen sentir mal. Tiene sentido, ¿no? ¿Quién quiere leer un libro que no le gusta, mantener una relación que es una fuente constante de conflictos o permanecer en un trabajo en el que se siente frustrado y aburrido? Todos aspiramos a sentirnos bien con nosotros mismos y con los distintos elementos y personas que configuran nuestra vida (pareja, trabajo, hijos, amigos, etc.).

Podemos tolerar bien las emociones negativas y la sensación desagradable que estas producen mientras no se repitan con demasiada frecuencia, duren poco tiempo o tengan una intensidad baja o moderada. Incluso, estamos dispuestos a aceptar aquellas experiencias y personas que nos generan malestar emocional siempre y cuando nos reporten un beneficio emocional alternativo que lo compense. ¿Por qué si no soportaría alguien un trabajo estresante con una jornada diaria de doce horas si no es a cambio de una retribución, estatus social o, en último término, la satisfacción personal de sentirse realizado profesionalmente?

Sin embargo, cuando las emociones negativas se dan con una intensidad, duración o frecuencia alta, es entonces cuando aparece el sufrimiento emocional. Y cuando éste se prolonga en el tiempo, puede afectar negativamente a la calidad de vida de la persona, a su salud mental y, en último término, también a su salud física.

En general, estamos acostumbrados a prestar poca atención al sufrimiento emocional y a tratar de ponerle remedio sólo cuando éste se vuelve intolerable y alcanza niveles patológicos en la forma de un trastorno de ansiedad o del estado de ánimo (depresión), por mencionar sólo alguno de los problemas psicológicos más frecuentes. Es entonces cuando se hace necesario acudir a un psicólogo clínico en busca de terapia psicológica.

Sin embargo, si el sufrimiento emocional causado por las emociones negativas (ansiedad, ira, frustración, tristeza, etc.) es una fuente tan evidente de malestar, pérdida de calidad de vida y, por qué no decirlo, de infelicidad, ¿por qué no acudimos antes a un experto en psicología y en emociones para aprender a reducir nuestras respuestas emocionales negativas ante las experiencias de la vida y a potenciar las emociones positivas?, ¿por qué no aprender cómo funcionan nuestras emociones y las de las personas de nuestro entorno y cómo poder regularlas (gestionarlas) hacia una emocionalidad más positiva y equilibrada?

Así, ¿cómo cambiarían a mejor nuestra vida y la de las personas de nuestro entorno si fuéramos capaces de tomarnos las cosas de una manera más positiva?, ¿si pudiéramos preocuparnos menos?, ¿si no nos frustraran tanto las dificultades y los pequeños reveses cotidianos? o ¿si pudiéramos ser más pacientes y comprensivos con nosotros mismos y con los demás? Si fuéramos capaces de conseguir todas o alguna de estas cosas, entonces, sin ninguna duda, nuestra experiencia de vivir sería mucho más agradable y placentera.

Por este motivo, en The Emotional Soup, nuestro objetivo es ayudar a las personas a reducir el sufrimiento psicológico y emocional en los distintos ámbitos de sus vidas, a potenciar las emociones positivas y a conseguir que se conviertan en los verdaderos dueños de sus emociones y de su pensamiento por lo que ponemos a su disposición las más avanzadas técnicas y herramientas de terapia psicológica, entrenamiento emocional y formación en el ámbito de la psicología y las emociones.

¿Quieres aprender a reducir el sufrimiento emocional y disfrutar más de la vida?

Javier-Meseguer

Javier Meseguer Albert
Director de The Emotional Soup